La orden de capturar a Nicolás Maduro mediante una intervención militar en Venezuela provino del presidente estadounidense, Donald Trump. Pero a quien han puesto al timón de lo que sigue es a Marco Rubio.
Tiene el encargo de supervisar qué determina Estados Unidos que seguirá para el país suramericano, lo que se apresta a ser la tarea más difícil para Rubio que también es secretario de Estado, asesor presidencial sobre seguridad y el encargado de la oficina para archivos nacionales.
La apuesta de alto riesgo de Trump también se antoja entonces como el papel más riesgoso que ha asumido Rubio, y el que pudiera marcar su legado después de décadas de ser de las voces estadounidenses que más constantemente se pronunciaban sobre el chavismo.
“No vamos a dirigir, vamos a indicar respecto a las políticas para este asunto”, dijo Rubio el domingo en el programa Meet the Press, pese a que Trump había dicho antes que Washington sí iba a “dirigir” Venezuela.
Rubio agrego en ese programa de NBC News que las tropas militares estadounidenses que estaban congregadas cerca de Venezuela se iban a quedar ahí por el momento, y que se mantendrían las restricciones petroleras al país suramericano para ejercer presión sobre Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que este lunes asumió como líder interina.

