México – Mientras durante décadas se imaginó la comida del futuro como píldoras instantáneas o máquinas de platos sintéticos, los laboratorios mexicanos están construyendo una realidad mucho más compleja y prometedora: alimentos impresos en 3D diseñados con precisión científica para resolver problemas concretos de nutrición, digestión y acceso a la salud.
Un grupo de investigadoras e investigadores mexicanos ha llevado la tecnología alimentaria a otro nivel. Raquel Zúñiga entrena algoritmos de inteligencia artificial para rediseñar bebidas a partir de compuestos de epazote y amaranto. Marisela González calibra un estómago robótico que imita la digestión humana y permite probar qué nutrientes absorbe realmente el cuerpo. Zaira Yunuen García diseña tintas comestibles para imprimir gelatinas que facilitan la deglución en adultos mayores. Viridiana Tejada y Rubén Maldonado, del Tec de Monterrey, extruyen harinas de insecto mediante impresoras 3D para combatir la malnutrición infantil.
La impresión de alimentos, explican los investigadores, es un proceso delicado. “Una impresora de alimentos se parece a un tubo de pasta de dientes”, señalan Tejada y Maldonado. Si no se aprieta, no sale nada; si sale demasiado, la figura se derrumba. La meta no es solo lograr una forma atractiva —un carrito, una lagartija o un Spider-Man— sino que ese alimento contenga proteína, fibra, hierro y vitamina C sin que el niño que lo reciba piense primero en la palabra insecto.
En su investigación, la harina de insecto aporta proteína; la cáscara de naranja, fibra; el amaranto, hierro; la guayaba, vitamina C. Pero la suma de nutrientes no basta: primero hay que lograr que la mezcla sea imprimible, y después, que alguien quiera comerla.
“Imagínate llegar a eso, a que una comunidad que normalmente no consume proteína pueda recibir una nutrición adecuada; que el niño vea cómo se imprime un carrito, una lagartija, lo que sea, un Spider-Man, lo vea imprimirse, que nutrirse sea divertido”, cuenta Viridiana Tejada, quien hace unos meses ganó el premio Rómulo Garza 2026 por esta investigación.
Mientras tanto, en Guadalajara, Zaira Yunuen García Carvajal, investigadora del Ciatej, trabaja con alimentos impresos en 3D pensados para adultos mayores. Para ellos, masticar, tragar o tolerar una papilla no es un detalle menor. A veces, la diferencia entre alimentarse bien o mal empieza en algo tan simple como que un bocado pueda pasar por la garganta sin dificultad. Sus tintas comestibles y gelatinas personalizadas buscan precisamente eso: devolver a la comida su función más básica y humana, sin renunciar a la tecnología.

