El presidente Donald Trump ha retirado de servicio el icónico Air Force One que ha transportado a los mandatarios estadounidenses durante 35 años, y ha comenzado a utilizar la controvertida aeronave donada por la familia real de Catar, en un movimiento que ha reavivado el debate ético y político en Estados Unidos.
El veterano Boeing 747-200B, que recibe la denominación oficial cuando lleva a bordo al presidente, realizó su último trayecto esta madrugada al regresar de la cumbre del G7 en Francia. “Bien hecho, buen y fiel siervo. El último viaje”, escribió el director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, en redes sociales, acompañando la publicación con una imagen del aparato que entró en servicio en 1989, durante la Administración de George H. W. Bush.
La Fuerza Aérea confirmó en mayo que había concluido las pruebas y modificaciones del Boeing 747 donado por Catar el año pasado, y que el avión —remodelado en Texas con los colores rojo, blanco y azul, en lugar del tradicional esquema azul y blanco— estará operativo como Air Force One a partir de este verano. El Pentágono aceptó el regalo pese a las dudas sobre la seguridad del aparato y las implicaciones éticas de recibir un obsequio de tal magnitud de un aliado estratégico en Oriente Medio.
La decisión se enmarca en el plan de Trump de utilizar esta aeronave de forma provisional mientras Boeing finaliza la construcción de dos nuevos aviones presidenciales, encargados durante su primer mandato (2017-2021). El presidente ha manifestado su frustración por los retrasos en la entrega, que podrían extenderse hasta 2029 —una vez concluido su segundo y último mandato— y defiende que el uso temporal del avión catarí supondrá un ahorro para los contribuyentes.
El Pentágono asegura que la remodelación del aparato costó 400 millones de dólares, muy lejos de los 5.600 millones presupuestados para los dos nuevos Boeing. Para reducir gastos, las modificaciones interiores han sido mínimas, por lo que se mantienen las lujosas estancias de cuero diseñadas originalmente para la familia real catarí, un detalle que ha generado críticas por parte de la oposición.
Trump ha ido más lejos al afirmar que, una vez finalizado su mandato, se quedará con el avión —tachado de “soborno” por los demócratas— y lo exhibirá en su futura biblioteca presidencial en Miami, una declaración que añade combustible a la controversia sobre los límites entre lo público, lo privado y los intereses geopolíticos en la era Trump.

